No sólo curan los fármacos y las técnicas, también hay gestos sanadores

¿Consideras que la Orden Hospitalaria, siguiendo el testimonio de San Juan de Dios, tiene a la persona asistida como el centro de atención en los cuidados que le ofrecemos?

No hay ninguna duda de que ésta es la pretensión y que en ello trabajamos. En realidad el primer punto que aparece en los principios de la Orden, y así se recoge en la Carta de Identidad, es que “El centro de interés de cuantos vivimos y trabajamos en el hospital o en otra obra asistencial, es la persona asistida” (C.I.1.1) Sin embargo tener clara la formulación – que es fundamental – por sí mismo no implica que ello siempre sea una realidad. Hablar en términos generales es complicado y arriesgado. La Orden, la misma Provincia, es muy amplia y las realidades son muy diversas. Sin embargo, creo sinceramente que en la mayoría de los centros y de sus servicios, se percibe un claro interés y muchos esfuerzos para que este principio sea una realidad.
 
Por otro lado, no podemos olvidar que hacer una apuesta por ideales tan nobles como éste, implica estar en una continua revisión y voluntad de mejora. Siempre podemos mejorar. Los valores y los ideales por definición tienden al infinito y por tanto las acciones que se promueven a su alrededor o como comportamientos derivados, son siempre susceptibles de mejora. Siempre podremos hacer algo más y mejor para avanzar en la atención a las personas, y como sabemos, las cosas importantes se fraguan en el trayecto. No debemos, en mi opinión, estar tan centrados en dónde nos encontramos – en ello influyen muchos aspectos, a veces incluso ajenos a nosotros – sino sobre todo el sabernos y vivenciarnos en camino, orientados y centrados en la persona.
 
Finalmente, señalar que deberíamos intentar no caer en la autocomplacencia y pensar que por tener el planteamiento claro ya es suficiente. Debemos ser sinceros con nosotros mismos y reconocer que nos queda, y siempre quedará, camino por recorrer. Estamos desarrollando y avanzando hacia modelos de atención centrados en la persona, pero aún arrastramos rutinas, actitudes, rigideces, limitaciones,…que son susceptibles de mejora. Lo importante, en mi opinión, es no perder la orientación, el sentido y una cierta pasión para seguir convencidos que en ello está la clave de la satisfacción, y a veces también la felicidad, de quien atiende y de quien es atendido.

Ahora que dedicas más tiempo al servicio asistencial, ¿qué percibes de los pacientes, de sus familias en cuanto al trato recibido?

Dentro de la limitación obvia de lo que puedo percibir, creo que la mayoría de personas lo que vivencian y así lo transmiten, es el agradecimiento por haberse sentido bien atendidas. Por desgracia no siempre podemos ofrecer el resultado final que desearíamos ya que también la ciencia y la biología tienen sus límites, pero aun así, más allá del resultado clínico, las personas a menudo refieren y resaltan la atención, el trato. Por ejemplo, es sobrecogedor que familias que han perdido un hijo vengan a agradecer lo que se ha hecho por ellos y como se les ha atendido.
 
Efectivamente, cuando hablamos de calidad, no podemos obviar la calidad percibida y con ello nos referimos muchas veces a cómo se han sentido las personas en su paso por nuestros centros. Esta vivencia engloba no sólo encontrarse con profesionales de gran competencia – elemento imprescindible – sino además el sentirse bien acogidos, orientados, informados, y con el soporte adecuado en los momentos complicados. No olvidemos que en las situaciones más delicadas es donde hay más sensibilidad y las personas son más receptivas para captar los gestos, actitudes, iniciativas, muy vinculadas a lo cotidiano y que sin embargo ofrecen esta sensación de que de verdad hay alguien que se ocupa y se preocupa por mi (persona enferma o familiar) y que hacen lo posible para curar, paliar o acompañar una situación no querida y delicada. Es en estas circunstancias, cuando a veces se da una desproporción entre aquello que ofrecemos y que puede parecer nimio – a veces una mirada, una palabra adecuada, un gesto de cercanía,.. – y el gran efecto positivo que produce y agradece la persona que lo recibe.
 
La dimensión del trato es fundamental. Si es correcto y adecuado juega también un importante papel terapéutico, porque como todos sabemos no sólo curan los fármacos y las técnicas, sino que también hay gestos sanadores. Y con un trato adecuado, incluso la enfermedad, o las situaciones de precariedad en los servicios sociales, pueden vivirse de una manera más sana.

En tiempos de dificultades como los que estamos viviendo, ¿cómo valoras el trabajo de los profesionales en cuanto a la atención a la persona?

Lo primero que debemos hacer es agradecer muy sinceramente el trabajo y la dedicación de la mayoría de nuestros profesionales. No es un tópico decir que es el mayor patrimonio que tiene la Institución y además es obvio que ellos son los artífices de este proyecto de Hospitalidad que se desarrolla y enriquece cada día, gracias a su actividad y a sus aportaciones.
 
Lamentablemente, estamos inmersos en un momento que ha penalizado económicamente a toda la población y de una manera clara a los profesionales de la salud de muchas de nuestras autonomías. Sin embargo, el alto nivel de compromiso y de profesionalidad de la gran mayoría ha hecho posible que ello no repercutiera, o lo hiciera lo mínimo posible, en lo que supone la atención a las personas. Se han hecho muchos esfuerzos, no sólo económicos, también organizativos, en proponer iniciativas de mejora en el ahorro, en buscar maneras para poder seguir prestando una atención lo más correcta posible. Es cierto que la necesidad agudiza el ingenio y también en esta ocasión hay que valorar la creatividad que se ha tenido. Sin duda, ello sólo es posible con profesionales comprometidos con la misión y cuando se coloca la mirada en las personas y lo que nos mueve es el interés por ellas.  
Comentamos a veces que “hay cosas impagables” y éstas muchas veces son muy cotidianas, pero a la vez muy oportunas y adecuadas. La implicación, la proximidad y la sensibilidad hacia las personas, hace que la mayoría de los profesionales de nuestros centros, a pesar de entornos a veces poco favorecedores, sigan siendo personas que nos generan gran admiración y respeto por su dedicación y compromiso con las personas que atienden. 

¿Qué queremos decir cuando hablamos de atención integral a la persona?

La atención integral a la persona se refiere básicamente a tener en todo muy presente que la persona no es una suma de dimensiones, ni de atributos, sino que es una “unicidad” en la que todo está estrechamente interrelacionado. Cuando en el ámbito asistencial nos referimos a la atención integral, queremos poner énfasis en que lo que nos ocupa no es atender sólo la causa principal que provoca que una persona acuda a uno de nuestros centros, sino que debemos considerar lo que ello implica en todas las realidades que constituyen a la persona. La atención integral, comporta atender los aspectos físicos y biológicos, pero también los psicológicos, los emocionales, los espirituales así como todo aquello que tiene que ver con su entorno más inmediato, familiar, social, laboral.
 
Es importante tomar conciencia de lo complejo y delicado que supone el ponerse a atender a una persona, de alguna manera el “hacerse cargo” de ella, en una circunstancia de limitación, enfermedad, pobreza, soledad,…o por cualquier otra consecuencia de las que se derivan de nuestra condición humana vulnerable. Lo que nos afecta, repercute en la totalidad de la persona, en el estado de ánimo, modificación de actividades, cambio de rol en nuestras relaciones, autonomía,… e incluso en situaciones límite, se abren interrogantes y se reformula el sentido de la vida. Del mismo modo, cualquier acción que llevemos a cabo hacia la persona atendida, tiene también esta misma amplitud de repercusión. Si lo hacemos adecuadamente puede contribuir a ofrecer una acción y relación, que sea verdaderamente saludable y fomentadora de salud. Para hacerlo posible, se hace necesario tener una visión atenta, amplia y global, -integral- y no caer en la trampa de quedarse sólo en lo más sobresaliente o inmediato. Nuestro objetivo, es favorecer el bienestar –en sentido global – a la persona que por una u otra causa se ha visto en la necesidad de recurrir a uno de nuestros centros.
 
Hablar de atención integral a la persona es llevar a la práctica el principio de que toda persona lleva inherente su dignidad, y es merecedora de una atención de calidad, respetuosa, responsable y humanizadora. Es también por tanto, condición indispensable para el ejercicio correcto de la Hospitalidad.  
Maite Hereu
Comunicación OHSJD Aragón