La importancia de la transmisión de los valores en la atención a las personas sin hogar

Revista IN, nº 255 (2017)
Autoría
elena_domingo

La primera vez que relacioné la palabra valores con la Orden San Juan de Dios fue haciendo una beca en el ayuntamiento de Valencia. Trabajaba en el CAST (Centro de atención a las personas sin hogar) y mi relación con la Orden empezaba en ese momento.

Recuerdo que un usuario (N.J.Z.S) al que había derivado al albergue hacia un mes, al preguntarle cómo se había sentido en su estancia en el albergue me dijo: “hombre, es que en San Juan de Dios hay valores,  no es un albergue como cualquier otro”.

¿Valores? Pensé que era algo positivo. Este señor debió tener una experiencia muy satisfactoria para llegar a sentir los valores que tiene San Juan de Dios y sentirse con la capacidad de hablar de algo que parece obsoleto.

Por lo que me interesé y me acerqué  a ver el albergue. Mis primeras impresiones fueron muy positivas, las instalaciones estaban en muy buenas condiciones, la limpieza y comida eran excepcionales  así como el trabajo de los colaboradores y hermanos eran de una cercanía que en muy pocos sitios había visto.

Como aquel usuario, yo también percibí que había un clima diferente al que había encontrado en otros recursos. Pensé que sería “cultura de empresa”, pero estaba equivocada, ¡¡era mucho más!!.

Cuando empecé a trabajar en Serveis Socials Valencia,  fui conociendo la importancia que tienen los cinco valores principales de la orden: Hospitalidad respeto, responsabilidad, calidad y espiritualidad y de la importancia de trabajar en base a ellos.

Al igual que la experiencia que N.J.Z.S verbalizada en el CAST, para los usuarios a los que atendemos en el albergue, la transmisión de los valores se percibe en aspectos en los que hay que reparar una especial atención.

Tras varias reuniones con usuarios durante los dos años que llevo trabajando en el albergue, he podido recoger diferentes gestos en los que los usuarios reciben los valores de la Orden y con ellos van caminando hasta que consiguen alcanzar los objetivos de mejorar su vida y salir adelante.

Con el cuidado con el que se sirve la comida, la acogida el primer día de estancia en el albergue, el interés por la escucha, las puertas abiertas de los despachos, el interés por conocer la historia de la persona, la ausencia de juicios de valor y el respeto activo, son aspectos en los que las personas que son parte de algún programa de San Juan de Dios perciben el valor de la Hospitalidad.

Con la atención que se repara en la limpieza, de la coherencia de las normas, la aceptación de la persona y de la capacidad de adaptar la intervención social a sus propios tiempos y objetivos personales por encima de los tiempos y objetivos que podemos plantearnos como profesionales, se comparte el valor del respeto.

La sociedad valenciana a través de las actividades que realizamos como “Escola Amiga”, la participación en actos deportivos o los diferentes actos del día de las personas sin hogar, así como los propios albergados a través de la participación en los mismos, perciben el valor de la responsabilidad. Y de forma tan inmediata, que son ellos quienes solicitan ser parte de dichos actos en los que quieren dar a conocer al resto de sociedad que no son personas pasivas o inmóviles, sin aspiración,  sino que son personas con la fortaleza para reconstruir y crear nuevas habilidades, recursos y redes sociales por que están llenos/as de experiencias que les han dado un bagaje emocional del que debemos aprender.

El valor de la calidad lo perciben gracias a la atención de los Hermanos y colaboradores en las  entrevistas  de seguimiento y a través de la donación de alimentos a los usuarios  que están en la red de viviendas (Xaloc). Son aspectos que al abordar este valor que en principio parece ambiguo es sorprendente que lo asocien a la atención directa y al cuidado en el que se dan los alimentos también a las personas que ya han salido de los programas de atención social, no tanto por la calidad de los mismos si no de la calidad de las formas que se dan estas dos circunstancias.

Por último el valor de la espiritualidad, que pese ser un valor en el que parece difícil trabajar, es uno de los más valorados y en el que más gestos veían reflejado. Algunos de ellos eran actividades de ocio al aire libre, la oración de los martes y especialmente la de los viernes, espacios de reflexión con los colaboradores o la promoción integral de la persona.

Y ¿para qué analizar cómo reciben ellos nuestros valores fundamentales? Por la importancia de cómo les ayuda para que su estancia en nuestros recursos les facilite un cambio no sólo a nivel social, económico o sanitario sino también espiritual y emocional. A través de estos gestos adquieren como suyos estos valores y actúan en base a ellos.

Como decía San Juan de Dios “Hermanos, haceos bien a vosotros mismos”. Nos hacemos bien adquiriendo los valores de la Orden porque revisando con qué gestos los llevamos a cabo y cómo estos impactan en las personas que por un tiempo forman parte de la misión que San Juan de Dios emprendió, estamos todos creciendo .

Y es que cuando nos abrimos y proyectamos estos valores, recibimos los valores que tienen las personas a las que atendemos y esto es cumplir con la obra que inició San Juan de Dios.

Sant Joan de Déu Serveis Socials València