Una gestión por valores es la mejor garantía para transmitir el estilo de San Juan de Dios

Revista IN nº253 (2017)
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Establecer complicidad entre la gestión y la asistencia se traduce en una atención de calidad.

Hoy en día existe una corriente muy normalizada que apuesta por atender a las personas de una forma holística e integral. Una concepción en la que se tienen presentes todas las dimensiones de la persona, dado que el ser humano es único, irrepetible e indivisible.

La visión holística enfatiza la importancia del "todo", que es más grande que la suma de las partes y da importancia a la interdependencia de éstas. Por lo tanto, cualquier otro modelo que difiera de este planteamiento dejará de dar respuestas a algunas de las necesidades y voluntades de la persona, entendida como eje central de la asistencia integral.

Este enfoque no es inédito para la Orden Hospitalaria dado que, desde sus inicios, el modelo de atención integral está presente en su ADN, como así refleja la Carta de Identidad: [...] "Deberemos dar una asistencia que considere todas las dimensiones de la persona humana: biológica, psíquica, social y espiritual. Solamente una atención que trate todas estas dimensiones, al menos como criterio de trabajo y como objetivo a lograr, podrá considerarse como asistencia integral". Aún con todo y a pesar de lo certero de la reflexión, ni la realidad, ni las necesidades, ni las voluntades de las personas son estáticas, hecho que demanda, de manera natural,  una revisión y actualización periódica, así como la identificación constante de los aspectos clave que la sostienen.

En nuestra Provincia disponemos de centros muy heterogéneos, tanto en lo relativo a la orientación: sociales, sanitarios, docentes, de investigación, etc., como en magnitud y ubicación. Muchos de ellos están situados en distintas comunidades autónomas en las que se aplican políticas sociales y sanitarias muy divergentes entre sí. Esta pluralidad requiere desarrollar diferentes modelos organizativos adaptados según las características de cada centro, aunque todos mantengan un nexo en común: los valores.

Para garantizar una óptima atención integral es necesaria una alineación entre las necesidades de la población, las políticas gubernamentales y la misión de los centros proveedores. No obstante, no podemos obviar que una parte fundamental de esa responsabilidad se asienta en los profesionales, sus valores, aptitudes y en sus actitudes.

Para atender a las personas de manera holística es primordial una adecuada coordinación entre dispositivos y disponer de equipos multidisciplinarios y especializados en las distintas vertientes de la persona. A su vez, se torna indispensable que exista una apropiada interrelación entre ellos, complementariedad, deliberación compartida, actitud de servicio y corresponsabilidad. A todo lo anterior habría que añadir, de forma individual,  otros aspectos como la capacidad de escucha y de diálogo, la sencillez y el respeto.

En organizaciones como la nuestra en las que el capital humano es el principal activo para desarrollar su misión, un modelo de selección basado en los valores y que sopesa el perfil técnico, humano y ético, es una herramienta fundamental para mantener el equilibrio entre la dimensión formativa del profesional, su implicación y la identificación con la institución en la que trabaja.  Así lo deja patente la Carta de Identidad de la Orden Hospitalaria en la siguiente cita: [...] "El equipo humano será seleccionado teniendo en cuenta su cualificación técnica y humana, asegurándose de que sus motivaciones, actitudes y comportamiento respeten los principios de la Orden.”  

Tras la selección, elementos como la formación continuada de los profesionales también son claves para ofrecer una respuesta asistencial actualizada y coherente con los principios éticos de cada profesión y en sintonía con los valores de la institución.

Otro de los puntos esenciales para ofrecer una atención integral reside en establecer una apropiada complicidad entre la gestión y la asistencia,  labor que se traduce en un aumento de la eficacia, la calidad en la atención y la eficiencia.

Una dirección  cimentada en los valores, en la que sus integrantes, por un lado, además de atender las responsabilidades técnicas propias de sus competencias,  favorecen el crecimiento de su equipo, potencian el talento oculto, logran sacar provecho de los intangibles, huir de los modelos basados en la verticalidad y en la falta de argumentos, y, por otro, lideran de forma dúctil, flexible, respetuosa y ejemplar, es una dirección que acaba obteniendo la autoridad moral de los profesionales, su reconocimiento y el sentimiento de pertenencia al centro.

A modo de reflexión que aúne todo lo expuesto hasta ahora, podríamos afirmar que la humanización de la gestión fomenta la humanización de la asistencia, como si se tratara de una cadena de transmisión.  Cuando el estilo y la forma de hacer son un reflejo permanente de los valores institucionales, se origina un "contagio" viral y sucesivo, de modo que éstos acaban por estar presentes en cada poro de la organización y, lo más importante, en la práctica asistencial directa. Esta coherencia entre la teoría y la práctica es lo que otorga a los centros credibilidad a nivel interno y externo.

Solo optando por este planteamiento las organizaciones pueden llegar a incorporar la idiosincrasia de los valores en los complejos procesos asistenciales. Esta integración que, en ocasiones, puede parecer desfasada en el mundo competitivo actual, es decisiva para alcanzar una apropiada cohesión social y para preservar los rasgos distintivos de la institución.

Parc Sanitari Sant Joan de Déu - Sant Boi de Llobregat (Barcelona)