"Nuestra Hospitalidad tiene que ser universal y al mismo tiempo muy cercana a la situación local de cada enfermo y necesitado"

Gabino Gorostieta
El Hno. Gabino Gorostieta ha dedicado su vida a la Orden Hospitalaria. Desde los 13 años hasta hoy el Hno. Gabino ha transmitido el carisma hospitalario desde diferentes puestos en la organización de la Institución a nivel provincial y también general. Hablamos con él de su historia de vida.

¿Cuándo surge su vocación religiosa?

No sé si se puede hablar de vocación religiosa a los 13 años, que es cuando ingresé en nuestra Escuela Apostólica de Barcelona; quizá al principio fue más un movimiento interior hacia algo que me parecía interesante como medio de avance espiritual y material; además el ambiente religioso que existía y se vivía por los años 50 del siglo pasado ayudaba a plantearte  el tema de la vocación religiosa que a mí, concretamente, me estimuló y me abrió el camino para madurar un poco más en la primera toma de decisión sobre mi llamada a algo especial. Al ambiente favorable que he citado antes, se unía el apoyo de mi familia en libertad, de la escuela y de la parroquia. Creo pues que el inicio de mi vocación tan temprana tiene connotaciones, de llamada, de disponibilidad limpia, con pocos razonamientos todavía en favor o en contra, y con mucha confianza, a veces ingenua, en el desarrollo posterior de la llamada. Ahora, después de 68 años, puedo afirmar que los inicios de mi vocación se han hecho realidad, yo diría que fecunda, aunque con limitaciones, a lo largo de mi vida en San Juan de Dios. 

¿Cómo y cuándo se encontró con los Hermanos de San Juan de Dios?

A los Hermanos de San Juan de Dios los conocí muy pronto, pues con 9 o 10 años fui a nuestra Clínica de Pamplona para operarme de amigdalitis por el seguro del Igualatorio Médico; así conocí a San Juan de Dios; además tenía un tío en la Orden en Barcelona, a quien todavía no  había visto, pues entonces no existían las vacaciones para los Hermanos, ni la facilidad de ahora de visitar a los familiares, lo que hizo casi imposible mi comunicación con él hasta más tarde; personalmente no intervino en mi decisión de entrar en San Juan de Dios. Sí lo hizo un Hermano catalán que se dedicaba a la propaganda vocacional y por medio de él conocí mejor a los Hermanos de San Juan de Dios y su misión hospitalaria; este fue el camino de mi encuentro con San Juan de Dios y de mi entrada en la Escuela Apostólica de Barcelona para así ir respondiendo a los inicios de mi vocación hospitalaria.

Durante su trayectoria ha formado parte del gobierno provincial en varias ocasiones, y del gobierno general. ¿Qué ha significado en su trayectoria personal?

Estuve 18 años en el gobierno de la Provincia como Secretario, Consejero y Provincial con el voto favorable de los Hermanos; eso me dio la posibilidad de conocer y vivir más de cerca la realidad provincial; a los Hermanos, muchos y jóvenes, éramos más de 250, ahora somos 67, con mucha capacidad de comunicación y de vivir la Hospitalidad con gran interés y dedicación; eran los tiempos del postconcilio que tanto influyó en la renovación, en la apertura y  en los cambios de la vida religiosa. Nuestros centros hospitalarios estaban en plena transición; se empezó la concertación con la Seguridad Social, los Hermanos eran más del 50% del personal, ahora no llegamos al 1%, aunque los enfermos y necesitados que atendemos se han multiplicado, lo mismo que el personal que colabora y trabaja con nosotros, manteniendo, yo diría en grado importante, los valores y el estilo que se desprenden de la Hospitalidad Juandediana.

Terminado mi servicio en la Provincia fui elegido primer Consejero General lo que me dio la posibilidad de conocer a la mayoría de los Hermanos y de visitar la misión que la Orden realiza en los cinco continentes. Intenté vivir esta realidad como algo que me enriquecía personalmente y siempre con una mentalidad abierta a la diversidad. El carisma de San Juan de Dios es uno, plagiando a San Pablo, pero con pluralidad de acentos y manifestaciones. Por eso la Hospitalidad de la Familia Hospitalaria, que es la puesta en práctica del Carisma de Juan de Dios, tiene que ser universal y al mismo tiempo muy cercana a la situación local de cada enfermo y necesitado. Y pude constatar en la realidad concreta, que nuestro personal sanitario, Hermanos y Colaboradores, saben hacer presente la Hospitalidad al estilo de Juan de Dios en los lugares más dispersos y plurales de nuestro mundo.

¿Qué diferencia ve entre la vida consagrada de hoy y de ayer?

La vida consagrada, lo mismo que la vida de la Iglesia se vivió durante muchos años desde una dimensión más canónica que evangélica; las Constituciones de todas las Congregaciones religiosas eran casi iguales, basadas en el derecho canónico y por tanto más cercanas a la norma, a la disciplina, que a la vida que se desprende de la Palabra de Dios. Esto deja de ser así en la práctica gracias al Concilio Vaticano II, que nos dice a los religiosos y religiosas que tenemos que volver a las fuentes: la Palabra de Dios, el Carisma del Fundador y las sanas tradiciones. Todas las familias religiosas cambiaron inmediatamente sus constituciones y estatutos siguiendo las orientaciones del Concilio. En este sentido cabe decir que la vida consagrada da ahora más importancia a los valores que se desprenden de la Palabra de Dios y de las vivencias de los fundadores que trasladan a la vida las acciones concretas de Jesús en el Evangelio, en nuestro caso la Hospitalidad. Se respeta también más la autonomía de los religiosos y con ello la obediencia dialogada, la libertad personal, la comunicación a todos los niveles… Esto diría yo que es lo fundamental en lo diferente entre la vida consagrada de hoy y de ayer. Los demás cambios, posiblemente más vistosos y más conocidos por el pueblo, se refieren a aspectos externos, menos importantes, pero que han llamado más la atención.